jueves, febrero 28, 2008

Un fragmento de la Divina Comedia de Dante, Canto X

CANTO X



Siguió entonces por una oculta senda

entre aquella muralla y los martirios

mi Maestro, y yo fui tras de sus pasos. 3





«Oh virtud suma, que en los infernales

circulos me conduces a tu gusto,

háblame y satisface mis deseos: 6



a la gente que yace en los supulcros

¿la podré ver?, pues ya están levantadas

todas las losas, y nadie vigila.» 9



Y él repuso: «Cerrados serán todos

cuando aquí vuelvan desde Josafat

con los cuerpos que allá arriba dejaron. 12[L95]



Su cementerio en esta parte tienen

con Epicuro todos sus secuaces 14[L96]

que el alma, dicen, con el cuerpo muere. 15



Pero aquella pregunta que me hiciste

pronto será aquí mismo satisfecha,

y también el deseo que me callas.» 18[L97]



Y yo: «Buen guía, no te oculta nada

mi corazón, si no es por hablar poco;

y tú me tienes a ello predispuesto.» 21



«Oh toscano que en la ciudad del fuego 22[L98]

caminas vivo, hablando tan humilde,

te plazca detenerte en este sitio, 24



porque tu acento demuestra que eres

natural de la noble patria aquella

a la que fui, tal vez, harto dañoso.» 27



Este son escapó súbitamente

desde una de las arcas; y temiendo,

me arrimé un poco más a mi maestro. 30



Pero él me dijo: « Vuélvete, ¿qué haces?

mira allí a Farinatta que se ha alzado;

le verás de cintura para arriba.» 33



Fijado en él había ya mi vista;

y aquél se erguía con el pecho y frente

cual si al infierno mismo despreciase. 36



Y las valientes manos de mi guía

me empujaron a él entre las tumbas,

diciendo: «Sé medido en tus palabras.» 39



Como al pie de su tumba yo estuviese,

me miró un poco, y como con desdén,

me preguntó: «¿Quién fueron tus mayores?» 42



Yo, que de obedecer estaba ansioso,

no lo oculté, sino que se lo dije,

y él levantó las cejas levemente. 45



«Con fiereza me fueron adversarios

a mí y a mi partido y mis mayores,

y así dos veces tuve que expulsarles.» 48



« Si les echaste ‑dije‑ regresaron

de todas partes, una y otra vez;

mas los vuestros tal arte no aprendieron.» 51



Surgió entonces al borde de su foso

otra sombra, a su lado, hasta la barba: 53[L99]

creo que estaba puesta de rodillas. 54



Miró a mi alrededor, cual si propósito

tuviese de encontrar conmigo a otro,

y cuando fue apagada su sospecha, 57



llorando dijo: «Si por esta ciega

cárcel vas tú por nobleza de ingenio,

¿y mi hijo?, ¿por qué no está contigo?» 60



Y yo dije: «No vengo por mí mismo,

el que allá aguarda por aquí me lleva

a quien Guido, tal vez, fue indiferente.» 63[L100]



Sus palabras y el modo de su pena

su nombre ya me habian revelado;

por eso fue tan clara mi respuesta. 66



Súbitamente alzado gritó: «¿Cómo

has dicho?, ¿Fue?, ¿Es que entonces ya no vive?

¿La dulce luz no hiere ya sus ojos?» 69[L101]



Y al advertir que una cierta demora

antes de responderle yo mostraba,

cayó de espaldas sin volver a alzarse. 72



Mas el otro gran hombre, a cuyo ruego

yo me detuve, no alteró su rostro,

ni movió el cuello, ni inclinó su cuerpo. 75



Y así, continuando lo de antes,

«Que aquel arte ‑me dijo‑ mal supieran,

eso, más que este lecho, me tortura. 78



Pero antes que cincuenta veces arda 79[L102]

la faz de la señora que aquí reina,

tú has de saber lo que tal arte pesa. 81



Y así regreses a ese dulce mundo,

dime, ¿por qué ese pueblo es tan impío

contra los míos en todas sus leyes?» 84[L103]



Y yo dije: «El estrago y la matanza

que teñirse de rojo al Arbia hizo, 86[L104]

obliga a tal decreto en nuestros templos.» 87



Me respondió moviendo la cabeza:

«No estuve solo álli, ni ciertamente

sin razón me movi con esos otros: 90



mas estuve yo solo, cuando todos

en destruir Florencia consentían,

defendiéndola a rostro descubierto.» 93



«Ah, que repose vuestra descendencia

‑yo le rogué‑, este nudo desatadme

que ha enmarañado aquí mi pensamiento. 96



Parece que sabéis, por lo que escucho, 97[L105]

lo que nos trae el tiempo de antemano,

mas usáis de otro modo en lo de ahora.» 99



«Vemos, como quien tiene mala luz,

las cosas ‑dijo‑ que se encuentran lejos,

gracias a lo que esplende el Sumo Guía. 102



Cuando están cerca, o son, vano es del todo

nuestro intelecto; y si otros no nos cuentan,

nada sabemos del estado humano. 105



Y comprender podrás que muerto quede

nuestro conocimiento en aquel punto

que se cierre la puerta del futuro.» 108



Arrepentido entonces de mi falta,

dije: «Diréis ahora a aquel yacente

que su hijo aún se encuentra con los vivos; 111



y si antes mudo estuve en la respuesta,

hazle saber que fue porque pensaba

ya en esa duda que me habéis resuelto.» 114[L106]



Y ya me reclamaba mi maestro;

y yo rogué al espíritu que rápido

me refiriese quién con él estaba. 117



Díjome: «Aquí con más de mil me encuentro;

dentro se halla el segundo Federico, 119[L107]

y el Cardenal, y de los otros callo.» 120[L108]



Entonces se ocultó; y yo hacia el antiguo

poeta volví el paso, repensando

esas palabras que creí enemigas. 123



Él echó a andar y luego, caminando,

me dijo: «¿Por qué estás tan abatido?»

Y yo le satisfice la pregunta. 126



« Conserva en la memoria lo que oíste

contrario a ti ‑me aconsejó aquel sabio-

­y atiende ahora ‑y levantó su dedo‑: 129



cuando delante estés del dulce rayo

de aquella cuyos ojos lo ven todo 131[L109]

de ella sabrás de tu vida el viaje. 132



Luego volvió los pies a mano izquierda:

dejando el muro, fuimos hacia el centro

por un sendero que conduce a un valle, 135

cuyo hedor hasta allí desagradaba.